sábado, 1 de diciembre de 2012

La coqueta





Las coquetas, como siempre hemos sido, mujeres que nos encaprichamos en conquistar adoradores con las armas de un atractivo que nos ha negado el cielo, pero con nuestra vanidad y nuestra malicia hemos sabido aparentarlo.

El primer mandamiento, que como mujeres lindas, debemos encubrir es la sobra de los años, o sea cero que ver, los galanes nos prefieren de veinte abriles o un poco más, sino empiezan a quejarse, sin embargo, tampoco hay que vernos tan chamacas porque sino nos juzgan de muy niñas. 
Para arrancarnos la profesión de fe, no necesitamos agotar nuestros esfuerzos de estrategia femenina, nos basta con asegurar a cada paso que somos viejas y cien voces replican que chanceamos. Los chicos no prefieren a la niña ni a la cincuentona que quieren parecer jóvenes, porque la primera es una fastidiosa y la segunda una demandante. Los hombres detestan en materia de coquetería y de amores lo prematuro y lo póstumo. Hay una pena para los goces inmaduros, que ahora llaman MP y, dicen, debería haberla para los goces de ultratumba, pero ahora que he muerto, no sé que tan de acuerdo esté; una es una mujer bella siempre. 
Sé que también desde siempre, niñas, nos encontramos un defecto basta para tirar todas nuestra gracias en conjunto. De ahí somos fuente de una abundante coquetería es la falta de hermosura, pero a ninguna mujer se le ha condenado eternamente fea, bueno salvo al monstruo que está como funcionaría pública una mujer pesada, ¿cómo se llama?... ¡ah! Elba Esther Gordillo, digo a toda regla hay una excepción, ¿no lo creen, chicas? Pero continuo, De aquí provienen los secretos del tocador y nuestras posturas tan estudiadas por los hombres; de aquí la lucha eterna entre fealdad y lujo, cierto es que los amantes no se apasionan de una mujer, sino de un órgano determinado del cuerpo humano, los sé niñas mías, los hombres han sido unos desgraciados.
Pero niñas no se me agüiten que un buen arreglo, la amabilidad y las virtudes son lo que atraen a los hombres. Una mujercita debe de estar siempre arregladita y bonita para los admiradores además debemos ser virtuosas, sino caemos en una coquetería ridícula. Recuerden que “Jala más un cabello de una mujer que una yunta de bueyes.”


Señorita Isabel de los Remedios.





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