jueves, 6 de diciembre de 2012

martes, 4 de diciembre de 2012

Remedios caseros de la Condesa de Bureta


 
 



Nuestra lectora española, la Condesa de Bureta, se ha dado a la tarea de enviarnos algunas recetas para curar la indigestión y las quemaduras. Le damos las gracias por compartir sus conocimientos con nuestro público mexicano.
 
Emplasto de cebolla para indigestiones: Una cebolla a medio asar,
medio cuartillo de vino bueno, tres cuartos de jabon rallado sin entrar
en el agua, un punito de grano de espliego: se tiene cociendo todo junto
como media hora y se le echa un poco de manteca revolviendolo
bien y si esta blando se le echa un poco de harina para que tome cuerpo;
se pone en un poco de estopa y se coloca en el estomago bien caliente,
lo que se pueda sufrir, untando antes el estomago con aceite
caliente que tenga sal molida y luego se faja bien. Este remedio es para
curar indigestiones aunque sean viejas: es para grandes y ninos si
bien para estos no se hace tan cargado y fuerte.

 

Pomada para quemaduras. Se coceran doce hojas de yedra grandes
con un cuarteron de aceite hasta que se pongan muy rojas, a cuyo tiempo
se sacan y se echa un poco de cera para que tome consistencia.
Cuando es de pronto es muy bueno el aguardiente y tener metida alli
la parte quemada; y si ha pasado algun tiempo no hay cosa mejor que
algodon sin hilar aplicarle al quemado y no quitarle hasta que ello se
cae por si, que sera cuando este curado. Se recomienda mucho este remedio
que es excelente.
 
 


* Esta es una copia literal extraida del recetario de la Condesa de Bureta, localizado entre los Archivos del Palacio Bureta.
Anexo disponible en:  FIGUERA VON WICHMANN, Enrique de la.  Las enfermedades más frecuentes a principios del siglo XIX y sus tratamientos. en: http://www.dpz.es/





Breve curriculum:

María de la Consolación Domitila Azlor, Condesa de Bureta
(n. Gerona 1773  - m. Zaragoza 1814). 
Hija menor de los Virreyes de Navarra: Don Manuel de Azlor y Urries, jefe de la línea menor de la Casa de Villahermosa, y Doña Petronila Tadea Villavicencio y Villavicencio, procedente de una de las familias más ilustres de Jerez de la Frontera. 
Más que por sus brillantes remedios caseros es conocida como heroína de los Sitios de Zaragoza.


 
 

sábado, 1 de diciembre de 2012






Hoy, me ha llegado a mi correspondencia el poema de un buen hombre, hablando sobre nuestro generalísimo Morelos. Quiero agradecerle a Tiburcio Pinto por su colaboración, lamentamos que los gusanos le hayan comido los dedos y no puedas escribir más, pero ánimo, ¡estamos contigo!

Tu nombre gigante lo escribe los cielos,
Lo arrullan los tumbos sonoros del mar,
Y bosques y lagos repiten: ¡Morelos!
¡
Que grande, qué ardiente, qué hermoso cantar!

Tus hechos la fama por doquier pregona:
¡heroicos, sublimes, de inmerso valor!..
¡En Cuautla, la bella, la augusta corona
Que ciñe tus sienes radiantes, Señor!

¡El himno más grande mereces! .. Escucha
Cual brota solemne: ¡Lo eleva la Paz!...
Dios quiera que suene por siempre jamás,
¡Sin gritos de odio, ni acentos de lucha!

La coqueta





Las coquetas, como siempre hemos sido, mujeres que nos encaprichamos en conquistar adoradores con las armas de un atractivo que nos ha negado el cielo, pero con nuestra vanidad y nuestra malicia hemos sabido aparentarlo.

El primer mandamiento, que como mujeres lindas, debemos encubrir es la sobra de los años, o sea cero que ver, los galanes nos prefieren de veinte abriles o un poco más, sino empiezan a quejarse, sin embargo, tampoco hay que vernos tan chamacas porque sino nos juzgan de muy niñas. 
Para arrancarnos la profesión de fe, no necesitamos agotar nuestros esfuerzos de estrategia femenina, nos basta con asegurar a cada paso que somos viejas y cien voces replican que chanceamos. Los chicos no prefieren a la niña ni a la cincuentona que quieren parecer jóvenes, porque la primera es una fastidiosa y la segunda una demandante. Los hombres detestan en materia de coquetería y de amores lo prematuro y lo póstumo. Hay una pena para los goces inmaduros, que ahora llaman MP y, dicen, debería haberla para los goces de ultratumba, pero ahora que he muerto, no sé que tan de acuerdo esté; una es una mujer bella siempre. 
Sé que también desde siempre, niñas, nos encontramos un defecto basta para tirar todas nuestra gracias en conjunto. De ahí somos fuente de una abundante coquetería es la falta de hermosura, pero a ninguna mujer se le ha condenado eternamente fea, bueno salvo al monstruo que está como funcionaría pública una mujer pesada, ¿cómo se llama?... ¡ah! Elba Esther Gordillo, digo a toda regla hay una excepción, ¿no lo creen, chicas? Pero continuo, De aquí provienen los secretos del tocador y nuestras posturas tan estudiadas por los hombres; de aquí la lucha eterna entre fealdad y lujo, cierto es que los amantes no se apasionan de una mujer, sino de un órgano determinado del cuerpo humano, los sé niñas mías, los hombres han sido unos desgraciados.
Pero niñas no se me agüiten que un buen arreglo, la amabilidad y las virtudes son lo que atraen a los hombres. Una mujercita debe de estar siempre arregladita y bonita para los admiradores además debemos ser virtuosas, sino caemos en una coquetería ridícula. Recuerden que “Jala más un cabello de una mujer que una yunta de bueyes.”


Señorita Isabel de los Remedios.










Los zombis votan a favor del pulque.


Pulque






“El pulquero que lo entiende,
más agua que pulque vende”


Nuestro pulque anti- romántico y prosaico era lo que se tomaba en el siglo XIX en estas tierras, pero mi amigo formidable ganó. Este individuo es el cervecero, cuya maldita cerveza desalojó el pulque de las mesas aristocráticas. Aunque ahora sé que la cerveza se ha quedado, como el pulque, ahora los ricos toman champagne o ¡champán! Déjeme contarles mi ocupación hace un par de siglos (y si no quieren pos ahí les va). Mi oficio de pulquero, aunque poco a poco se ha ido cambiando de nombre y actualizado, la función es la misma del cantinero o que del barman. 
Allí, detrás de aquel mostrador húmedo y de olo, no pulquérrimo, entré el y una batería de cubas de varias dimensiones, estaba yo, de talante jovial y mis ojos eran unos: ojos inteligentes (que de los dos sólo me queda uno, un día que salí de noche ahí por la plaza San Jacinto, entré a un bar que se llama “el Mama-Rumba” y entre tanto zangoloteo, perdí mi ojo, se cayó, pero esa es otra historia. Estábamos contando de mi apariencia, les decía: … era rápido en mis movimientos y estaba dispuesto a entablar plática con el primero que llegara y se me plantara en frente de mis narices chatas, aquella alma achicopalada y que quisiera contar algo. Parecía de un mal genio, pero no lo soy, ven acércate, ¿ves?... me ves mejor, lo sé, mi rostro era algo encendido, mis ojos eran brillantes, mi boca entre líneas muy marcadas se ve que era muy parlanchina, ahora sólo tengo el labio inferior. Me gustaba decir que “El que anda entre miel algo se le pega”… Cierto que el pulque no es miel; pero guárdenos Dios de negarles sus propiedades pegajosas. 
No dejába pasar ninguna oportunidad, lo he visto, siempre estamos buscando los beneficios, tenemos la facilidad de convencer a la gente, crean o no; un vaso de chela o pulque persuade más que otra cosa, bueno menos que las mujercitas. En la mañana cuando abría siempre se me acercaba un hombre miserable y casi desnudo a ofrecerme sus servicios por entibiarse el alma con un vaso de pulque. Mientas yo me encargaba de otras tareas. Los clientes empezaban a llegar e iba teniendo control con forme al “vaseo” que hacía, siempre los mismos bebedores solos con sus estómagos, con sus hígados y nomás. Empezaban por un vasito, porque si les hubiese dado todo lo que bebían no traían otro recipiente con ellos, más que sus tripas sus tripas. Después de tres son los clientes predilectos para que “inviertan en el negocio.” Esto nunca va a cambiar.
Así era mi vida y ahora que tengo la oportunidad mejoraré las cosas y los zombis pulqueros serán los que te robarán una mordida y quedaremos en la memoria. Jamás habían visto en la loza funeraria el nombre de pulquero pero aquí lo dejaré
Aquí descansó y despertó:
ALBINO AGUADO, vendedor de pulques.


Nuestro Amigo José Zombi Fernandez de  Lizardi nos compartió la siguiente imagen a través de nuestra cuenta de Facebook:




Hoy 1º de Diciembre de 2012 te damos las gracias por recordarnos que en el siglo XIX ya solían imponer gobiernos en nuestro país. Esto debería hacernos sentir mejor.  


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